Pupitres rayados son indicadores de salud emocional de alumnos

Más allá de la transgresión a las normas del colegio, los dibujos de los escolares son una herramienta para el seguimiento de su desarrollo psicológico.

 

Freddy Barragán /Página Siete. Los estudiantes exteriorizan sus sentimientos en las superficies de los pupitres.

Problemas de conducta, de depresión o de agresividad pueden detectarse por los rayones y dibujos que los estudiantes dejan en sus pupitres a lo largo del año escolar. Su seguimiento   brinda a los profesores una herramienta para analizar la salud emocional de los niños y adolescentes.

La primera etapa de formación emocional de una persona se presenta entre los  cero y  cinco años de edad. En este lapso también desarrolla el grafismo,   desde  garabatos hasta  dibujos con significado en los que en adelante    expresarán  sentimientos.

“Esta expresión empieza desde que el niño toma el lápiz. En sus primeros trazos, en el rayado de paredes con  garabatos   que con el tiempo  toman forma y contenido, ya existe una transferencia emocional”, explicó la psicóloga y pedagoga del Centro  de Orientación Integral Piensa, Lizeth Martínez.

A partir de este punto, los dibujos de niños y adolescentes  se diferencian marcadamente. Los más pequeños representan  personas o cosas que son importantes en su vida; en cambio, cuando tienen  más años, sus trazos giran en torno a un problema  o un hecho que los conflictúa.

“El hecho de plasmar un dibujo  donde no se debe -paredes, baños  o  pupitres de colegios- implica una falta de  respeto a los  espacios y por tanto  un problema no sólo emocional, sino, también  de límites de conducta. Lo vemos ya a los   dos años cuando los niños  desafían al rayar  paredes aunque  se les dé una hoja. Entonces comienza a establecerse un  juego de límites con los padres que si se resuelve  con amor  se reflejará con buena actitud  en el colegio”, dijo la especialista. 

Si con estos actos el estudiante busca  desconocer cualquier forma de autoridad, puede develar un carácter con tendencias agresivas, cuyo origen es casi siempre una carencia emocional. Sin embargo, en el colegio estos actos  son difíciles de seguir,  se realizan al primer descuido y a espaldas de los profesores.

“En un análisis es fácil establecer que los niños de entre  10 y 13 años  dibujan en  pupitres y baños más dibujos de las partes íntimas del cuerpo del hombre o la mujer. Esto es porque en esa edad están explorando su cuerpo y la sexualidad”, aclaró.

Por su significado estos garabatos también pueden ser una alerta. “Pero no sólo para los maestros   sino también para los padres de familia. Los niños y adolescentes a través de estos dibujos nos quieren decir algo que no pueden expresar con palabras o de forma directa”.

La depresión puede expresarse a través de esos trazos. Muchas veces se refleja en dibujos que los escolares hacen de sí mismos en poses tristes, con   ojos llorosos,  cuerpos mutilados o llenos de heridas y cicatrices. En algunos casos  adolescentes embarazadas que aún no  comunican su estado lo representan  mediante  dibujos de  muñecas alusivos a su situación. Mientras que  los niños reflejan  su ánimo mediante trazos  en los que desaparecen los colores  y son remplazados por el negro.

“La educación está centrada en impartir conocimiento y ha dejado de lado el desarrollo emocional de los alumnos. Estos pupitres pueden ser un indicador para ver qué pasa con los estudiantes”, dijo la especialista.

Adolescentes, los eternos enamorados de su nombre

Entre las marcas más comunes en bancos y paredes escolares están los nombres de los adolescentes. Comúnmente van adornados con detalles como flores o  espinas.   

“El adolescente además de dibujar lo que le duele  en esa etapa de su vida, está como enamorado de su nombre y quiere plasmarlo en todo lado, incluida su mesa”, manifestó la psicóloga y pedagoga Lizeth Martínez.

Si bien transgrede los límites establecidos en el colegio, este hecho se puede catalogar como normal dentro del desarrollo psicográfico. Pero ¿cuándo  debe llamar la atención?. “Hay muchos elementos, desde la frecuencia, la intensidad, los detalles  o el color que se le imprime”. 

Una de las señales  es si los diseños están  pintados  totalmente de negro o con efectos de sombras y tinieblas que transmitan tristeza. Asimismo, deben llamar la atención letras grandes o que añadan al nombre  elementos como espinas, cuchillos o que hayan  dañado la superficie que sirve de lienzo. En muchos casos,  también  los trazos parecer estar sobre manos sangrantes que pueden exteriorizar  la depresión. Para la especialista,  un relevamiento de estos garabatos, rayones  y dibujos podría develar problemas y temas  que inquietan a los escolares.

“Padres y maestros no le dan importancia al dibujo de los jóvenes  cuando éste es hasta un instrumento de terapeutas y psicoanalistas. Si ponemos atención a estas cosas podemos ayudar a muchos adolescentes que pueden estar pasando por un momento de dolor”, recomendó la profesional.